Los Treintas

Todos esperamos con ilusión nuestros quince años.  En latinoamérica los recibimos con una gran fiesta, un evento que marca el inicio de la vida pública adulta y sólo nos queda la cuenta regresiva a la mayoría de edad. 

Desde que somos niños queremos ser grandes. Lo que haré cuando sea grande, a dónde iré cuando sea grande, todo… Pero encuentro que mientras nos hacemos grandes queremos de pronto parar el reloj y retrocederlo otra vez a nuestros quince años.  Todos queremos llegar a los quince, pero  a todos nos aterra llegar a los treinta.

¿Por qué consideramos que los treintas son tan malos? Es acaso porque nuestro cuerpo ya no responde como antes, o porque nuestro rostro empieza a perder la lozanía de la juventud… Porque ya no somos jóvenes y de pronto nos damos cuenta que estamos entrando en la madurez de la vida sin haber pasado por la madurez mental o espiritual.

Creo que muchos no estamos preparados para alcanzar esta edad.  En casa seguimos siendo el nene o la nena aunque tengamos 30, actuamos como niños pequeños algunas veces, no queremos dejar de ser “joven”, para ser llamado “señor o señora”, -llamame por mi nombre, no seas tan formal.  Aunque queramos, no podemos huir de nuestra realidad.  Se ha dado el cambio y no hay vuelta atrás.

En realidad recomiendo esta década de vida.  Estamos maduros para no hacer tonterías, pero conservamos nuestra vitalidad y energía para aventurarnos a grandes cosas.  Quizá no tenemos la carita de bebé, pero sí un tremendo atractivo al sexo opuesto por ser toda una mujer, o bueno, un hombre hecho y derecho, sin miedos, sin cursilerías. Decididos, dispuestos a mover el mundo por el objetivo deseado, ha alcanzar nuestras metas de cualquier manera, a ganar el amor a cualquier precio (si no es que ya estamos disfrutando de él).

Así que no hay que tener miedo de envejecer. A cada día bástele su propio afán, que mientras haya vida es para disfrutarla. Mientras hay una pareja es para convivir, hijos para cuidarlos, disfrutar de su dulce dependencia porque un día crecerán y ya no les seremos más útiles.

Este es el principio de una emocionante aventura. Llegamos al pico de la montaña rusa pero viene la parte más emocionante: la cuesta abajo. Y es cierto, venimos decendiendo rápidamente hacia el fin. Pero podemos asegurarnos ahora que sabemos como termina que el recorrido sea lo más emocionante y placentero posible. Disfrutar, disfrutar… que para eso te has esforzado, para tener y ahora poderlo gozar.

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